Una jaula de diamantes







Era el invierno del año dos mil dos, Diana y su hijo se encontraban solos en casa, las ventanas de su chalet completamente cerradas y las lámparas con luz suave y débil.


Ella estaba con el niño, que jugaba en el cuarto infantil. Junto a él se sentía protegida, a pesar de que al mismo tiempo que le escondía de escenas que iban a traumatizar al pequeño para siempre. En momentos como este, se sentía algo más tranquila, a pesar de que el miedo a que él llegara se respiraba por todas partes.


David, su marido, era un hombre de negocios, así le gustaba a él que le llamasen. Era cierto que en el aspecto material no les faltaba de nada. Este hombre no tenía horarios fijos. De esta manera llegaba sorprendiendo, eso le hacía un ser humano más terrible aún.


Lo más asombroso es que Diana, cinco años antes, se había casado enamorada, él en aquella época era muy cariñoso y atento con ella. Ella ya no recordaba cuando ni como todo había cambiado, o si había sido progresivamente, pero el maltrato continuado la había cambiado tanto, que a veces y sobre todo junto a él estaba irreconocible. Callada, aislada de sus seres queridos y sus amigos, obediente, triste....... Pero ella no quería escándalos, ya estaba saturada, tenía mucho miedo, por que la había amenazado con quitarle al niño. Maldita la hora en que le había conocido, su vida hubiese sido tan diferente...... .


Esa noche Diana abrió la caja donde guardaba sus trabajos manuales y sacó un cuadro pequeñito que estaba restaurando. Le hacía mucha ilusión por que el cuadro había estado colgado encima de la cama de sus padres, luego después de una reforma, había estado en el cuarto de su hermano. Cuando los padres murieron y junto a su hermano Francisco se repartieron las pocas cosas que estos habían dejado, ella se llevó el cuadro.


Le estaba dando bastante trabajo porque estaba muy estropeado, pero no le importaba, lo hacía con mucho esmero y cariño. Y le gustaba hacerlo sola, sin intrusos, sin tener que dar explicaciones, ya estaba harta de comentarios hirientes y humillaciones.


Era un Cristo crucificado, con la cruz de espinas negra, la cara pálida y demacrada, el pelo y la barba castaño dorado, la túnica blanca en las caderas y la sangre que brotaba de las heridas en rojo pasión, había comprado todos esos colores para remarcar el cuadro bastante descolorido.


De pronto sonó la cerradura y llegó el, rápido como un tiro. Diana actuó tan rápido como pudo y escondió su pintura llevándola a su espalda. David pensó mal como siempre y empezó a zarandearla mientras gritaba.

- ¿Que tienes ahí? -pregunto muy violento- contéstame cuando te pregunto , estoy harto de tus putos secretos!.
Volvió a zarandearla y el cuadro cayó al suelo. David lo cogió, lo miró con expresión de asco y se empezó a burlar y a reír.

- ¿De esto se trata? ,cada día estas mas loca y mas tonta, es que no te entiendo!, no digas nada no, encima estas sordomuda también.
Y salió rápido de la habitación. Diana abrazó a su pequeño que ya llevaba un rato llorando y pensó
<< A ti te voy a contar …........Este Dios, es lo poco que me queda de mi Dios >>


y recogió el cuadro resquebrajado del suelo.








María José Saura

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