El relato que Santiago entregó mañana
Era temprano, tarde o noche… El sol no tenía cara para decirlo. En su memoria había nubes o velos, o lagañas en los ojos. Bruma tardía de un sueño aletargado expuesto a largas horas de consumo. Mente adornada de chispazos neuronales. Entonces, ¿qué son la conciencia o la memoria misma? Santiago no sabía si lo que tenía allí, ante sus ojos, era un relato o una forma de ganar tiempo. Tenía que entregar un texto al día siguiente al mediodía, como máximo. Los límites, después de todo, son una estela amarga. Eso era un hecho. Lo demás empezaba a volverse borroso en cuanto intentaba escribirlo. El ordenador tenía un rostro demasiado deslumbrante. Cerró los ojos. Aun así, el brillo le quemaba los ojos. Abrió el documento, escribió su nombre en la parte superior y lo miró durante unos segundos, como si no terminara de pertenecerle. Soy yo o no. ¿Qué dice un nombre? Un genérico. Santiago, ocho letras, una nada. Decidió usar la tercera persona. Era más fácil observarse desde fuera. Menos compr...