Silencio
¡Y Válgame san válgame! Mi vecina la lechuza, se pasa el día mirando a través de la ventana, y no se le escapa nadie de noche ni de mañana, se acomoda en su sillón tras la persiana bajada le deja los agujeros abiertos para su cara, y con las gafas de aumento más ese vaho que suelta... puede que en algún momento se me quede medio tuerta, y, ella, dale que dale, mirar sin abrir la puerta. El otro día el cocido no se libró de la quema, los garbanzos perdigones y la carne hecha una pena, dice que se comió un huevo frito, la clara y la yema, porque el guiso era carbón, y de humo, la calle llena, que ella se había marchado y que no le pilló en casa, la excusa tonta de siempre, mas a mi no me la pega, yo sé que estaba mirando por detrás de la persiana, porque pasé caminando y me paré allí embobada al ver un ojo brillante en agujero asomaba y un resuello silencioso que en la nuca me pegaba ¡Madre mía, y qué susto! que me pegó la jodía, mas si esconderse es su gusto allá ella, con su manía. ...