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Mostrando entradas de marzo, 2026

El Señor Cuervo

Ágata hizo girar el pomo de la puerta enrojecida del consultorio del doctor Bates. Odiaba el Padauk. ¿A quién se le ocurría poner una puerta con el color de la sangre? Pudo haberla pintado de blanco, una cosa más aséptica, más de clínica como en el interior, ¿no? Dios, era una herida abierta. Sacudió la cabeza y la empujó con asco. Detrás de ella, entró su inseparable compañera de achaques, Amelia. Ambas rondaban ya los ochenta. Avanzaron hacia sus asientos favoritos en la sala de espera. Carla, la asistente, acomodaba en su escritorio una serie de carpetas azules de papel manila con expedientes clínicos. —Hola, queridas, muy temprano, como siempre — les saludó con un ligero pestañeo. Ágata suspiró al dejarse caer en la confortable silla que casi había tomado su forma. Palpó las patas. —A que mueble tan fiel, y eso que este fin de semana subí un par de kilos más— dijo levantando una de las piernas hinchadas debido a la retención de líquidos. Era una mujer grande, ancha como un monolito...

La bandeja

Llevamos ya media hora esperando y nadie ha salido ni ha entrado por la puerta. He estado todo el rato scroleando, mientras echaba un ojo disimuladamente a los demás. Somos diez personas. La sala es bastante grande, afortunadamente, porque odio esos sitios donde te hacen esperar pegado a un completo desconocido. Cuatro están haciendo lo mismo que yo. Hay una señora con un libro y dos personas con portátil. Sólo dos no están haciendo nada. Pero, uno de ellos ha estado hasta hace un momento hablando con su madre por teléfono. Como es el que más cerca tengo, sé que se llama Ángel. Se oía la voz de su madre con bastante claridad. De pronto, se abre una puerta lateral, en la que no me había fijado antes. Una mujer muy seria sale con una bandeja muy grande y la deja en la mesa del centro. Ángel se levanta y le interpela: "¿Esto va a tardar mucho? Llevamos ya más de media hora esperando. Todos. No ha entrado nadie. No tiene sentido." La mujer sonríe con poca efectividad y contesta: ...

Tulipanes rojos

Al otro lado del cristal el hombre en bata blanca y mascarilla por debajo del mentón toma nota de quienes vamos llegando. Ningún paciente necesita acreditar que es quien dice ser: el paciente. El cartel que ya nadie lee, reza en mayúsculas "Esta no es la ventanilla de información". No importa. Enfermos o acompañantes, todos preguntan. El tiempo se pone en marcha, inquieto, lento, monótono. La enfermera me llama; el apellido, como siempre, a medias. Hace tiempo que no reivindico mi nombre completo. Solo Hacienda sabe cómo me llamo, sin errores… - primero hay que ponerle una vía -me dice - luego tendrá que esperar unas horas, pueden ser 4,5…, depende…" Como aquella no es la ventanilla de información no me atrevo a preguntar de qué depende, ni si puedo comer ni si puedo beber ni si me puedo ir a casa y ya volveré… La sala de espera está vacía. Apenas he abierto mi libro entra una anciana, flaca, menuda. Intento leer. No he acertado con la novela. Me aburre. Tampoco quie...