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Mostrando entradas de febrero, 2026

El ojo de la furia

Al salir de los laboratorios, el cielo se cerró sobre mi cabeza. Una bóveda de nubes lechosas descendió lentamente, concentrándose en un remolino vivo, semejante al ojo de un cielo enfurecido que palpitaba. No era así minutos antes, cuando fregaba el suelo del pasillo principal que hilvana los distintos laboratorios. Desde uno de los ventanales, el sol parecía sereno y diáfano, casi infantil: un ojo benigno de bienaventuranza. Pero al posar el pie sobre la loza que da al jardín de la entrada, las nubes se apiñaron, negras como buitres suspendidos sobre carne muerta. El guardia me abrió la puerta; al cruzar el umbral, comenzó a chispear, como si el aire hubiera empezado a sudar. Era la hora del almuerzo. Siempre camino hasta un café a dos manzanas. Sin embargo, mientras avanzaba, la lluvia arreció con una insistencia casi personal. Me refugié bajo el saliente de una boutique. Entonces advertí la rareza: las gotas caían solo en un radio estrecho —no más de quince metros— y yo ocupaba su ...

Ni en el casino

Todo empezó con una queja. El doctor Ferrer dijo que cada vez acudía más gente sin recursos a su consulta a mendigar atención gratuita. Se quejaba de que le esperaban en la puerta para abordarle y ponerle en situaciones incómodas. Que al principio eran discretos, pero que cada vez llamaban más la atención para forzarle a acceder por no verse inmerso en un escándalo. Varios asistentes asentían; algunos con comprensión, otros con indignación en sus rostros. Don Julián Aranda, concejal del ayuntamiento de la ciudad, tomó las riendas de la conversación para hacer notar la relevancia de su cargo. —Señores, demos gracias de estar reunidos en este magnífico casino donde podemos hablar libremente de los asuntos que nos preocupan, sin estar pendientes de las tensiones políticas que acechan al país en estos tiempos. A todos los médicos aquí presentes, todos reconocidos en su profesión, todos de familias respetables y demostradamente honorables; a todos os prometo que vuestras quejas serán ate...

Despertar soñando

Sentado en el sillón que le habían asignado y con el libro entre sus manos esperaba nervioso, e impaciente a que el presentador nombrara al ganador del Premio Planeta. Dos años de investigación y trabajo le había llevado escribir este libro, más, a la vez había sido un placer y un reto que se había propuesto a sí mismo, plasmando en un papel (entre ficción y realidad) los intereses y desajustes que se hacían, consciente o inconscientemente, hacia una destrucción de nuestro planeta. ¿A quién le podría gustar esta lectura? Pues sí, a más gente de la que él pensaba, porque allí estaba nominado entre los finalistas, eufórico de emoción a la espera del desenlace. Cuando mencionaron su nombre...Pletórico se levantó de su asiento hacia los escalones que le llevaban al escenario. Entre los vítores, aplausos y los flash de los fotógrafos...¡Despertó! Seguía sentado en su sillón, con el libro entre sus manos, en su bonito y solitario jardín, bajo la sombra de un enorme castaño. Allí escribió dur...