Silencio






¡Y Válgame san válgame!

Mi vecina la lechuza,

se pasa el día mirando

a través de la ventana,

y no se le escapa nadie

de noche ni de mañana,

se acomoda en su sillón

tras la persiana bajada

le deja los agujeros

abiertos para su cara,

y con las gafas de aumento

más ese vaho que suelta...

puede que en algún momento

se me quede medio tuerta,

y, ella, dale que dale,

mirar sin abrir la puerta.

El otro día el cocido

no se libró de la quema,

los garbanzos perdigones

y la carne hecha una pena,

dice que se comió un huevo

frito, la clara y la yema,

porque el guiso era carbón,

y de humo, la calle llena,

que ella se había marchado

y que no le pilló en casa,

la excusa tonta de siempre,

mas a mi no me la pega,

yo sé que estaba mirando

por detrás de la persiana,

porque pasé caminando

y me paré allí embobada

al ver un ojo brillante

en agujero asomaba

y un resuello silencioso

que en la nuca me pegaba

¡Madre mía, y qué susto!

que me pegó la jodía,

mas si esconderse es su gusto

allá ella, con su manía.

 
 
Mari Carmen Olmos

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